sábado, 26 de febrero de 2022

 

CARNAVALES TURISTICOS DE SAN CASIMIRO

 

Una de las manifestaciones culturales de las cuales debemos sentirnos orgullosos los Sancasimireños son los carnavales turísticos. Esta festividad es una muestra de que cuando un pueblo se organiza en pro de un objetivo común obtiene buenos resultados.

Durante los años cincuenta del siglo veinte, los carnavales de San Casimiro tenían una connotación signada por los juegos con agua, talco y otras sustancias perjudiciales a la salud. Durante aquella época sobresaltó la señorita Delia Requena como una de las primeras soberanas del carnaval. Durante los años posteriores la historia transcurrió más o menos similar hasta el año 1967 cuando ,por iniciativa del joven Evelio Pérez, se forma una junta organizadora de los primeros carnavales juveniles integrada entre otras personas por los también jóvenes Olinto Rodríguez, Hernán Esaa y Adolfo Castro, hijo. Aquel año fue coronada como soberana de los Carnavales la joven Carmelina Pérez. Fue tanto el éxito de las festividades que se repitió al año siguiente con más euforia y más éxito, siendo coronada la hermosa Reina Acevedo.

Coronación de Reina Acevedo

El año 1969 viene a ser crucial e importante en esta historia, ya que marcan la primera edición de nuestros  Carnavales Turísticos de San Casimiro. Inspirados en la experiencia de los carnavales de Carúpano, dada a conocer en el pueblo por el doctor Pedro José Hernández Quijada quien exhibió a los entusiastas sancasimireños una película con las hermosas y vistosas festividades carnestolendas de aquella ciudad del oriente del país.

            Se nombró una junta organizadora de las festividades y el tradicional paseo de la bandera ya no pasó a hacerse solo por las Fiestas patronales sino que se le agregó el inicio de nuestros Carnavales turísticos.

            Toda la población en perfecta unidad se motivó y organizó para tal fin. Dentro de las distintas barriadas se escogían reinas, se hacían comparsa y carrozas. Sin lugar a dudas los más afamados eran los de Barrancón y Campoelias. Dos Quebradas, Los Pocitos y Curucuti se destacaban en las comparsas y todas Las comunidades se organizaban desde mucho antes Para adornar sus calles y fachadas. 

            Regresando al 1969, ese año debutó la Banda seca del pueblo bajo la dirección de José Domingo Ruiz y con la joven y hermosa Lucha Gómez como la encargada de hacer malabares con la batuta. El recordado Pepe, el español, construyó una muñeca gigante que fue la atracción de todos los carnavales desde entonces y a la joven Luisa Ruiz le correspondió ser coronada Reina de la primeros Carnavales Turísticos de nuestra historia. Otros disfraces que fueron legendarios en el tiempo podemos mencionar a Alexis Perol Requena como cavernícola o guerrillero y José Cheo Ruiz como el popular Pañero.

                                                              Reyes Jiménez

            Con la entrada de la década de 1970. Nuestros carnavales fueron adquiriendo fama nacional además de  catalogados como los mejores del centro del país. Durante el reinado de Olivia Arguinzones  se presentan por primera vez los legendarios tambores de Curiepe y luego en posteriores celebraciones aparecen por primera vez los stell band con su música caribeña. Luego de los desfiles, donde las reinas, carrozas y bandas recorrían las calles de la población, el Centro Eleazar Casado y la calle Mario Briceño Iragorry eran  escenario de la presentación de las mejores orquestas. Por acá pasaron Billos Caracas Boys,  Los Melódicos, Tabaco y sus metales, La Dimensión Latina y La quinta galaxia, entre otros. Tal fue el impacto que la calle antes mencionada pasó a llamarse popularmente hasta la actualidad como La calle del carnaval.

Luisa Ruiz

Luisa Hernández

            Las mujeres más bellas de San Casimiro han sido reinas durante los 53 años de carnavales sancasimireños. Entre ellas podemos mencionar a Olivia Arguinzones, Aura Longo, Anita Arguinzones, La Niña Rodríguez, La negra León, La niña Betancourt, Fanny Marrero, América Guillen, Netzy Requena, Fabiola Gómez, Erisma Piñango, Nadia Cordero, Mary Gaby Aquino, Katiuska Pineda y Ramito Betancourt, entre otras.

Ramito Betancourt

Netzy Requena

Mary Gaby Aquino

     Hoy nuestros carnavales merecen ser rescatados como un hecho cultural y tradicional, como ejemplo de San Casimiro empeñado en trascender en la historia como el pueblo que, según nuestro cronista Don Eleazar casado,  "se lo debe todo a sí mismo".






 

domingo, 29 de agosto de 2021

 

El beisbol en San Casimiro

Equipo de Beisbol de San Casimiro


En su libro sobre San Casimiro, el poeta y cronista don Eleazar Casado, relata los inicios del beisbol en nuestro pueblo. Nos cuenta que a diario los primeros clubs de beisbol practicaban en los terrenos de la plaza y nos dice que existían dos novenas: los azules por un lado y los rojos por el otro.

            Continúa relatando don Eleazar que se daban cita todos los domingos en el terreno baldío que hacía las veces de estadio, según nos dice, situado frente a la capilla del cementerio. Es decir muy cerca o tal vez en el mismo sitio donde hoy  está el actual campo Juan María Jaspe.

Entre los pioneros del beisbol en San Casimiro y jugadores más destacados de la época, estaban: José Manuel Echezuría, Manuel Felipe Ledezma, Antonio Mele, los hermanos José Antonio y Carlos Torrealba; Luis Roberto y Eleazar Casado, Marcelino Armas y Carlos D´Milita, entre otros.

Más adelante, en un capítulo de su libro, don Eleazar nos señala una nueva generación de jugadores de beisbol. Quienes ya no practicaban en la plaza como los pioneros, tampoco en las cercanías del cementerio sino en la Vega El Coco, a orillas del río Zuata. Donde luego estuvo la granja de los Capote.

Asunción Requena

Juan María Jaspe


Entre los jóvenes que sirvieron de generación de relevo a los pioneros del primer deporte nacional estuvieron: Asunción Requena y Perucho Vargas, Ernesto Echezuría y Miguel Eduardo Torrealba quien, según don Eleazar, se distinguía por grandes atrapadas y Miguelito Arguinzónes se lucía entre los fildeadores. Otro que ya comenzaba a lucir entre esos peloteros era Juan María Jaspe.

Para la década de 1940, un periódico de breve circulación en nuestro pueblo, llamado Guiripa, reseña la existencia de un equipo de beisbol llamado Obreros B.B.C el cual era encabezado por Andrés Avelino Martínez.

Ya en épocas más recientes descollaron entre otros: el zurdo Ortega, Luis Carballo, Alfredo Gerdel, Andresito Carballo, Chicho Hurtado, Lorenzo Bello, Javier García, Juan Carlos “Pelo e´ Burra”  Jaspe y Alí Castro el popular “Maquinita”.

Luis Carballo

Fotos: Tomadas del Facebook de José Domingo Hernández 


sábado, 31 de julio de 2021

 

DON RAFAEL ACEVEDO

Don Rafael ejecutando el arpa
 

Es uno de nuestros inmortales patrimonios artísticos y culturales. Hijo de Encarnación Acevedo y Natalio Rodríguez. Nació el 29 de marzo de 1914 en una hacienda cafetera llamada Las tres Marías; ubicada, según relata nuestro cronista Salvador Rodríguez, entre Chimborazo y El Negro.


            Nos sigue relatando el cronista que, En 1924, cuando apenas contaba los diez años, mueren sus padres y que luego de la muerte de sus progenitores no queda sólo, pues Viene a vivir a la calle Monagas de San Casimiro con sus padrinos Miguel Villalba y doña Celsa Tovar de Villalba.

 

Fue con Don Miguel que aprende las primeras letras y el oficio que marcaría su vida como artesano, ejecutante y constructor de instrumentos musicales. Específicamente la elaboración de arpas, aprendiendo su ejecución gracias a Don Miguel Zamora y observando a los hermanos Macario y Gonzalo López.


Don Rafael a caballo

 

A medida que su fama como ejecutante del arpa y carpintero iba creciendo también ascendía su popularidad como excelente jinete y coleador.  Además de tener el don de ensalmar a quienes necesitaran de sus rezos y servicios. Nos refiere Salvador Rodríguez que “cosiendo un retazo de telita limpia que punteaba con una aguja e hilo recitando una oración secreta” 

 


Al lado de doña   María Lourdes Hernández, este ilustre sancasimireño, comenzó la dinastía de los Acevedo que ha dado frutos tales como:

 Cándido, Cantante de joropo central y carpintero;

Oswaldo arpista de joropo central,

Fileno cantante de joropo central y llanero así como excelente bailador.

Seguimos con Rafael Jesús “Chucho” Acevedo arpista de trayectoria y fama nacional,

así como Ali bajista y coleador...

Josefina “la negra”, cantante y Cuatrista.

 

 Esta estirpe continúa con los nietos:

 Joseito carpintero y coleador. 

Yosmar, Edgar, Fredy y Alexander coleadores.

Douglas, maraquero,

Marilyn bajista y Yulmary cantante;

además de Mirla y Desiree ejecutantes de las maracas.

Y por si fuera poco el reconocido docente y arpista Chelo Acevedo.

Esta afamada dinastía de músicos, artesanos y coleadores ya va por la tercera generación pues el pequeño Santiago ya ejecuta las maracas y se está iniciando en el instrumento mayor de nuestra música criolla.

Este ilustre coterráneo se hizo merecedor durante toda su vida de los reconocimientos de instituciones públicas y privadas, tanto dentro como fuera de su municipio San Casimiro y uno de los salones de nuestra Casa de la Cultura lleva su nombre.

 

 Don Rafael Acevedo Murió el 28 de agosto de 1987, Satisfecho de haber sido el árbol que dio fruto a una estirpe que ha puesto en alto el gentilicio sancasimireño.

 

Fileno Acevedo (Q.E.P.D)en el cuatro y Jesús "Chucho" Acevedo en el arpa

Prof. Eddy Hernández (Chelo Acevedo)



Santiago y Oriana   (bisnietos de Don Rafael Acevedo)




fotos tomadas del Facebook de José Domingo Hernández y de Chelo Avevedo 

 


 

 

viernes, 23 de julio de 2021

 

LA CALLE DE LA CHANCLETA


FINAL DE LA CALLE MONAGAS

Va desde la Miranda a la Placita y ha sido testigo de idas y venidas, de marchas y contramarchas. Es el camino habitual de los difuntos hasta el cementerio y es, hoy en día, una de las calles cuyas casas, mayoritariamente, conservan la arquitectura de nuestro viejo pueblo.

            No siempre la calle Monagas llevó tan patriótico nombre pues anteriormente, como a todas las calles y esquinas de pueblo, le pasaron sucesivamente nombres populares o asignados debido a alguno de sus habitantes celebres.

Es así como la encontramos en la historia llamándose “calle Las Flores” quizás por sus jardines floridos o por la abundancia de hermosas señoritas que adornaban las coloniales ventanas.

 Luego tuvo un nombre menos sublime y más humorístico pues pasó a tener el rimbombante calificativo de “calle de La Chancleta” debido a que, según cuenta Don Eleazar Casado,   vivía por esos lados una anciana llamada Marcelina que usaba sus gastadas alpargatas como chancletas

            Más tarde se le conoció popularmente como la “calle de la botica” debido una farmacia de una ancestral tradición que nos remonta al tiempo en que se llamaba Botica San Casimiro y era regentada por su fundador el doctor Vicente De Milita. , la misma pasó a ser propiedad de Don Guillermo Schwartz quien la atendía junto a su hijo Pablo. Pasando después a ser la Botica Sor Teresita de Don Augusto Vilera. Nos relata Lucas Guillermo Castillo Lara que esa botica siempre fue lugar de tertulias y de información de los aconteceres del pueblo y las noticias que llegaban de otros lugares.  . Además de la botica San Casimiro el doctor D`Milita era dueño de una gallera ubicada en la misma calle.          

                   Más adelante está el Colegio “La Cocuiza” una de las casas antiguas más hermosas de nuestro pueblo. Pero no siempre fue colegio, es más, ese destino es relativamente reciente. Por muchos años fue la Escuela de Artes y Oficios Pedro Rafael Buznego Martínez. Anteriormente tenía una fuente en el patio central con un león de bronce que en otras épocas escupía agua. En aquella vieja casona se tejía y aún corren de boca en boca las leyendas de los fantasmas que la habitan: se habla de una hermosa catira que se pasea por los viejos salones, otros dicen que se escuchan llantos de niños en las noches y que varias veces en la antigua escuela de artes se escuchaba como caían estrepitosamente las vitrinas y utensilios de cocina y al acudir a observar qué sucedía se encontraban con que todo estaba perfecta e impecablemente tal como lo habían ordenado.

Se afirma que todo se debe a que esta casa fue sede de una maternidad y allí murieron niños recién nacidos y una que otra mujer pariendo cuyos espíritus vagan por la añeja casona. Allí ejercieron de médicos eminentes galenos como los doctores Vaamonde, Merchán, Mele, Arcella, Visconti, Bárbara de la Torre y Nieves a quien se le debe la instalación de dicho centro materno.


PUBLICIDAD DE LA BOTICA SAN CASIMIRO

            Por los lados de la calle Monagas también estuvo la famosa y recordada Planta de Salazar, justo donde hoy está el estacionamiento de la funeraria. Fue este emprendedor empresario el que trajo la luz eléctrica al pueblo antes de la llegada de CADAFE. Por allá por 1928, el incansable Salazar, montó su planta eléctrica cuyas calderas eran alimentadas con leña. En las viejas ruinas de la famosa planta el profesor Alirio Nieves y su hermano Antonio dejaban volar la imaginación convirtiendo las chimeneas de metal en aviones de guerra que pasaban horas enteras pilotando y de cuyo interior salían todos llenos del hollín acumulado durante años.  Este empresario también fue el precursor de primer cine de nuestro pueblo donde se exhibían películas mudas para el asombro y la diversión de la concurrencia.

            También estuvo la oficina comercial de la CANTV cuando las encargadas eran la señora Rosa de Castro y Graciela Requena como operadora. Estuvo ubicado el Grupo Escolar Francisco Iznardy en la casa de la familia Castro Morales. El banco Agrícola y Pecuario, el registro Subalterno y el Juzgado del Distrito. También se ubicaron en dicha calle por mucho tiempo.

            Familias de gran historia y arraigo en la comunidad como los Vilera, Castrillo, D´Milita, Villalba, Tovar, Pereida, Aular, Castro, Páez, Nieves, Pacheco y Fuentes, entre otras, han pasado por la calle Monagas que en lejanos tiempos fue llamada la calle de la chancleta y la calle de las flores.    

miércoles, 21 de julio de 2021

 

¡Llegaron los Hermanos Belisario!

 

              Ese grito de júbilo se escuchaba en todo el pueblo pues era signo de la alegría por el regreso de los coterráneos que habían hecho fama en Maracay y Caracas, se habían convertido en prestigiosos músicos y pioneros de las orquestas bailables de Venezuela. La presencia de los Belisario era sinónimo de que el baile de gala en ocasión de las fiestas patronales iba a estar muy bueno.

            Los bailes de gala, así llamado al festejo principal, eran el acontecimiento del 4 de marzo, allí acudía lo más granado de la sociedad sancasimireña.  Se realizaban en el famoso y recordado Gran Hotel, el centenario edificio que hoy ocupa la Alcaldía del municipio San Casimiro.

Los Hermanos Belisario eran: Pedro (percusionista), Arnaldo (bajista), Pancho (trombonista) y Rafael (trompetista); siempre se rodearon de excelentes músicos y cantantes entre ellos recordamos a Francisco Villasana y Pedro Paiva quienes participaron en los tiempos iníciales de la orquesta.

 Para el año 1945 se establecen en Caracas e incorporan otras voces como las del dominicano Juan Polanco, Enrique Villasana, el popular Goajiro González y la voz del negro Víctor Piñero con la cual se consagra mucho más la orquesta con las presentaciones diarias a través de Radio Tropical, emisora donde la orquesta tenía su propio espacio todos los días a las 8:30 de la noche.

Ya para 1949 esta orquesta se encontraba entre las más solicitadas de Caracas, y fue reclutada por Herman Díaz, productor de la RCA Víctor para América Latina, con el fin de realizar sus primeras grabaciones Las guarachas Río, La YaguaMercedes y Déjame Miguel, quedarían como testimonio de la voz fresca y lozana de Piñero.

La Orquesta de Los Hermanos Belisario se mantuvo firme como una de las mejores orquestas de baile en Caracas hasta que por conflictos internos entre los hermanos la misma se disuelve comenzando la década del 50, y cada uno decide conformar su propia banda, es así como surgen: “Pancho Belisario y su orquesta”, “Arnaldo Belisario y su orquesta”, “Pedro J. Belisario y su orquesta”, mientras que Rafael se retira definitivamente de la música.

De todos los hermanos quien tuvo más suerte y pudo mantenerse activo unos cuantos años más con su orquesta fue precisamente PEDRO J. BELISARIO, quien se hizo acompañar de la voz del guarachero Víctor Piñero hasta el año 1957, periodo en el cual Piñero se vincula con la orquesta del colombiano Pacho Galán

Lo cierto es que la orquesta de Pedro J, Belisario se disuelve en 1961, hasta que en el año 1966 sale nuevamente al ruedo, buscan nuevamente la voz del cantante que más satisfacciones les brindó, el guarachero Víctor Piñero y al tiempo que incorporan también a una cantante que venía de un rotundo éxito con la Sonora Caracas Rogelia Medina la popular “Canelita”, con ambos cantantes graban un álbum que hoy en día se ha convertido en una joya musical, “Bésame Negro” se tituló aquel long play que fue el último que grabó el maestro Pedro J. Belisario.









martes, 11 de diciembre de 2018


La nobleza azabache

Si tener alma significa ser capaz
de sentir amor, lealtad y gratitud,
los animales son mejores
que muchos humanos.
James Herriot.

Nuestra protagonista nos recuerda la historia de Cenizo, el perro fiel de la Plaza Bolívar de Caracas. Cuentan que perteneció a un musiú que todas las tardes iba con su mascota a sentarse en la plaza y cuando su dueño murió Cenizo se vio solo  buscando refugio en el pedestal de la estatua ecuestre de Simón Bolívar, Refieren las viejas crónicas que por más de  nueve años que vivió allí no había ningún perro que pudiera andar por la plaza y, marcando su territorio, no tenía compasión en caer a mordiscos al canino que anduviera por sus dominios. No faltaba a ningún velorio, misa, fiesta popular o retreta. No lo echaban de la catedral y comía en los restaurantes aledaños, para ese entonces los más afamados y lujosos de la capital.
La muerte de Cenizo causó dolor en aquella caracas pueblerina, fue primera plana en todos los diarios y los poetas escribieron palabras en su honor, su cuerpo fue llevado por el aseo urbano, pero miembros del Club Paraíso lo rescataron y enterraron en una urna de metal en los jardines de tan afamado club, incluso se hizo una colecta popular para hacerle una estatua en los jardines de la plaza que luego no se realizó.



            La Negra no se sabe a ciencia cierta de donde surgió, apareció de repente con un azabache brillante, pululando por las inmediaciones del Banco de Venezuela. Como si estuviese decidida a no ser una perra más del montón, resolvió pasar a la historia desde su primer parto. Quizás buscando amor y protección para sus crías,  se le ocurrió la idea de parir en la Escuela Santa Ana. Ocasionando la alegría de la chiquillería ante la sorprendente camada de hermosos cachorros para luego generar molestia en los docentes y la suspensión de clases al plagar todo el plantel de pulgas. Ante tal acontecimiento nuestra protagonista fue expulsada de la escuela, hecho que generó el malestar de los defensores de los animales y la polémica entre éstos y los docentes del plantel.



            Poco a poco, una vez esterilizada,  la Negra fue ganando notoriedad y el merecido cariño de toda la gente. Es asidua visitante del Banco de Venezuela y de los pasillos de la Alcaldía donde es dueña y señora, tanto así que se acuesta a asolear sus partes sin ningún pudor y, sabiéndose amada y protegida por todos, entra a las oficinas y se echa a disfrutar del aire acondicionado cuando el calor aprieta.



Cuando son las 4:30 pm y suenan las campanas dando primero para la misa, nuestra protagonista abandona el sitio donde esté y sale corriendo rumbo a la iglesia para ser la primera en  entrar a ella. Incluso aparece fotografiada en más de un  álbum de bodas siendo testigo de excepción de tan memorables acontecimientos.

El amor de la negra por los seres humanos la lleva a ser fiel compañera de todos y cada uno de los entierros de nuestro pueblo, nos consta que acompaña a difunto y familiares hasta el último momento en el cementerio y si hay varios entierros en el día, nuestro animalito repite el mismo recorrido. Pero no solo en momentos tristes ella está presente pues a la hora de celebrar también está allí con su majestuosa figura azabache.  No se pierde ningún desfile de carnaval, festividad escolar o manifestación política que implique movimiento de gente y música.



Así como Cenizo vio pasar la vida del centro de la Caracas de principios de siglo XX, estamos seguros que la Negra es el mejor testigo de los aconteceres cotidianos de nuestro San Casimiro, de sus celebraciones y  tristezas. Que esta crónica sirva para que las generaciones futuras sepan que por nuestras calles caminó un animalito lleno de bondad y cariño capaz de dar mucho amor a los seres humanos.



fotos: José Domingo Hernandez, Nancy Díaz y Juan Carlos Torrealba


martes, 20 de junio de 2017



Los cumaqueros, crónica de una tradición

A Miguel Castro (Malanga) y
Rommel Betancourt (Cerro Prendío)
que se marcharon antes.

            Cada una de las generaciones de sancasimireños ha trascendido en el tiempo por sus acciones y por sus obras. A la primera le tocó la tarea de construir al pueblo de darle forma a las calles y a las casas, de amalgamar esa diversidad en una sola masa llamada comunidad. Luego vinieron los que sembraron la tierra e hicieron de nuestro café un producto de exportación laureado en el mundo e hicieron que San Casimiro fuese considerado el granero de la capital por la calidad de sus caraotas. Más adelante una generación inició la construcción del templo, la cual duró más de veinte años y la de mis abuelos hizo la Plaza Bolívar. En estas líneas hablaremos de la generación de los años ochenta y noventa del siglo XX que inició una tradición que se mantiene a pesar de las dificultades. Hoy hablaremos de Los Cumaqueros, sus protagonistas y su historia, historia de la cual nos sentimos protagonistas.  




La cruz de la Cumaca data de muchas décadas atrás. Nos refiere Modesto Álvarez que la primera la colocaron Felipe y Matías Torrealba con dos grandes troncos de guayacán, árbol cuya madera resiste las inclemencias del sol y del agua así como es infranqueable al ataque de comejenes, cigarrones y demás insectos. A Modesto se le iluminan sus octogenarios ojos cuando recuerda cada 3 de mayo en cerro La Cumaca. Nos cuenta que acudían todas las familias del Guasdual ( Juajual como le decimos coloquialmente) y toda la peonada de la hacienda El Carmen. Por aquel entonces El Guasdual era un caserío de medianas proporciones que hasta tenía una escuelita que enseñaba las primeras letras. A la cita acudían los Álvarez, Torrealba, Villanueva, Andrade, Vilera, Hernández, los Salazar y todos y cada uno de sus habitantes. Adornaban la cruz con flores y frutos; cantaban décimas y rezaban a la Santa Cruz en agradecimiento por la cosecha anterior y rogaban por que se dieran abundantemente los frutos de la madre tierra en la futura zafra. A veces subía el cura del pueblo rodeado de peregrinos a impartir misa campal a los pies de la cruz.

            En una noche de luna sancasimireña nuestro apreciado Ramón Seijas Luque nos propuso a un grupo de jóvenes sancasimireños que por ese entonces integrábamos las agrupaciones grupo de teatro Ápice y Ballet Folclórico San Casimiro  emprender la tarea de iluminar la cruz de la Cumaca para ese próximo 6 de octubre. Estábamos en aquel grupo, entre otros, Lucrecia Paredes, Rafael  Arturo “NIño Gavilán” Requena, José Ramón Requena, Ernesto Luis Ojeda, Vicente Ojeda,  David Ramos, Rafael y Rommel Betancourt. Seguro que estarían otros que ya nuestra memoria no precisa.  

            Entre los primeros que subieron aquel año están el niño Gavilán, Alexis “Perolito” Requena, José Ramón Requena, Marcos García, Kike Ruiz, Monro Jaspe, David Ramos, Catire y Rommel Betancourt, Ramón Seijas y quien escribe. Toda la logística fue subida en burros prestados por la familia Salazar; una planta eléctrica cedida por el Pollo Negro, bombillos, socates, cables, comida, las carpas, el combustible además del reglamentario “chimeniao” para el frío. Se trabajó arduamente para que cuando transcurrían los primeros segundos de aquel 6 de octubre, a la señal de un cohete surgido de las inmediaciones de la casa de Ana Vargas en Curucutí, se encendieran por primera vez las luces de una tradición treintañera.  


            La aventura de subir a encender la cruz de La Cumaca tiene un ingrediente adicional. Casi siempre coincide con el tradicional cordonazo de San Francisco que en nuestro pueblo resulta ser particularmente fuerte. Estar allá arriba es lidiar con el frío y la fuerte brisa, con la lluvia y las tormentas eléctricas que hacen temblar al más valiente pues, sin exageración alguna, la tierra tiembla cada vez que cae un rayo y el cielo ruge.



            Ir a la cruz en aquella época constituía una especie de apostolado, los que estábamos fuera por razones de estudio o trabajo siempre volvíamos al encuentro  con el cerro y con los amigos. Muchos, entre los que me cuento, ya no acudimos a la cita, pero estoy seguro que en todos  surge el mismo sentimiento de nostalgia cuando vemos a lo lejos una cruz encendida que parece flotar en la oscuridad del cielo de octubre. Cada uno de nosotros siente como se apretujan en nuestros recuerdos el montón de anécdotas vividas  y la certeza de sentirnos parte de esa historia.

            Como no recordar en esta crónica a Rommel “Cerro prendío”   Betancourt y Miguel Ángel “Malanga” Castro quienes se marcharon primero que nosotros y fueron, hasta el momento de sus prematuras muertes, unos fervientes cultivadores de la tradición cumaquera. Y ya para concluir estas líneas es justo reconocer a quienes han luchado contra todas las circunstancias y  avatares para que se mantenga viva la luz de la Cumaca nuestro reconocimiento para Alexis “Perolito” Requena, Rafael Arturo Requena y Miguel “Carrao” Hernández. Hoy que la tradición de los Cumaqueros se acerca a su XXX aniversario tenemos el deber de encender en nuestras nuevas generaciones esa luz de la Cumaca para que brille por siempre.